Antes "indignados", ahora "concienciados".

Este es un blog para estar informado, para analizar, para discernir, para comprender, par ver más allá de lo evidente, para tomar conciencia de cómo funciona la sociedad, quién la dirige, y cual es nuestro papel, lo cual nos permitirá avanzar en el camino hacia un mundo nuevo. Sin consignas, sin apasionamientos, sin indignación; con criterio, con sentido común, con firmeza, con honestidad.

domingo, 7 de octubre de 2012

RAJOY: Guiños de dictador



Pasé por alto sus comentarios sobre las bondades de la “gente que no se manifiesta”, “que no abre los telediarios y las portadas de los periódicos internacionales”, tras las protestas y altercados con las fuerzas de seguridad en las manifestaciones populares del 25S, Al fin y al cabo no pasa de ser uno más de sus muchos exabruptos, y de sus arranques de ira cuando la gente le lleva la contraria y se le levanta harta ya de este expolio continuado.  

A él le gusta más que el rebaño se quede bien quieto mientras se le esquila. No se puede esquilar bien y a gusto a una oveja nerviosa, inquieta y agitada. No rinde tanta lana. Nos prefiere así, aborregados, que ya lo estamos, y dopados por los obsesivos y soporíferos mantrams del déficit y toda su metralla conceptual asociada.
 
Pero cuando le escuché anoche, en un mitin preelectoral al PP gallego, decir exactamente: “Galicia necesita una mano firme en el timón, no cuatro o cinco manos arrebatándose el timón unas a otras”, el pufo a dictador que expelían sus palabras me hizo cambiar de canal inmediatamente. Me recordó a Franco (no hace falta ir más lejos) y su Movimiento, tan cansinos con su Orden Público (dicho de otra forma, “aquí no se mueve ni Dios”) y con la Nave Hispánica guiada con mano firme por el Caudillo, su amado timonel, enfilando la proa hacia el futuro, como consignas para la apertura del NO-DO.
 
Acostumbrado a decir lo que le viene en gana, o a no decir nada cuando le viene en gana, mientras su selecto rebaño partidario todo lo asiente moviendo la cabeza mecánicamente como aquellos perritos de la luna trasera del Seat 600, a Rajoy se le escapan los guiños de moderno dictador que todo PePero lleva dentro. Porque la docilidad extrema de un pueblo como valor a exaltar públicamente y el timón de la nave bajo un brazo fuerte, dicho ante las cámaras de todas las televisiones del país, nos habla de un dictador frustrado cuya ideología política interior es, lisa y llanamente, la dictadura.
 
Lo que me quita el sueño, lo que lleva a darme cabezazos contra la pared, es que le ha votado el pueblo, por mayoría absoluta, para que no haya dudas, y en libertad, haciendo bueno una vez más el concepto “Vota y calla”, tan anhelado por los políticos.
 
En este contexto de erosión sutil pero sistemática de derechos y libertades de la sociedad, a la que la crisis está sirviendo como un acelerador poderoso, hay que entender una idea sencilla: Las fuerzas sociales no son estáticas, son muy dinámicas, más de lo que parece. Unas empujan hacia un mundo de libertades, derechos, deberes y justicia; otras hacia un mundo de castas, liderazgos personales, negocios sucios, pelotazos, nepotismo, silencios masivos y apropiación indebida del excedente económico, público y privado. Son como dos manos enfrentadas por las palmas que empujan una frente a la otra; llegan un equilibrio de fuerzas y, desde una perspectiva exterior, parece que están quietas, pero la fuerza está ahí, empujando siempre. Cuando una pierde fuerza, resta fuelle y empuje, la otra le gana terreno y le hace retroceder. Así de simple. En el caso de España, el pueblo se fue a echar la siesta, adormilado por los vapores del fuego fatuo de la burbuja inmobiliaria y otras y cedió en su fuerza. La otra fuerza, que nunca descansa, le ha comido el terreno. Ahora habrá que hacer mucha más fuerza para recuperarlo, si es que logramos despertar de esa siesta.

jueves, 4 de octubre de 2012

Una teoría sobre la clase política española


Hola,

No me he podido resistir a compartir este estupendo artículo periodístico sobre la clase política española porque es lúcido y certero, brillante. Es largo pero engancha y se queda uno con ganas de más. Esperemos que este autor publique su libro.
 
Pero además me ha gustado porque yo mismo había percibido hace ya bastante tiempo el concepto de la "élite extractiva" que se desarrolla en el artículo, lo que pasa es que yo tengo otro nombre y otra imagen para lo mismo: La aspiradora.

En efecto, la clase política y asociados es como la señora de la limpieza. Cuando la alfombra (clase media nacional) ha acumulado polvo (ha ahorrado dinero o recursos), la señora pasa la aspiradora y absorbe el polvo (el excedente acumulado) y se queda con él, dejando a la alfombra limpia (esquilmada). 
 
En los últimos años la señora ha utilizado distintas aspiradoras: la bolsa, en general, y las punto com en particular, la especulación inmobiliaria, Afinsa y otras pirámides, las preferentes, los mercados, etc, etc. Pero no me enrollo más y os dejo con el artículo.
 


UNA TEORÍA SOBRE LA CLASE POLÍTICA ESPAÑOLA.

César Molinas publicará en 2013 un libro titulado “¿Qué hacer con España?”. Este artículo corresponde a uno de sus capítulos.

Publicado en EL PAÍS el día 10 de Septiembre de 2012

En este artículo propongo una teoría de la clase política española para argumentar la necesidad imperiosa y urgente de cambiar nuestro sistema electoral para adoptar un sistema mayoritario. La teoría se refiere al comportamiento de un colectivo y, por tanto, no admite interpretaciones en términos de comportamientos individuales. ¿Por qué una teoría? Por dos razones. En primer lugar porque una teoría, si es buena, permite conectar sucesos aparentemente inconexos y explicar sucesos aparentemente inexplicables. Es decir, dar sentido a cosas que antes no lo tenían. Y, en segundo lugar, porque de una buena teoría pueden extraerse predicciones útiles sobre lo que ocurrirá en el futuro. Empezando por lo primero, una buena teoría de la clase política española debería explicar, por lo menos, los siguientes puntos:

1. ¿Cómo es posible que, tras cinco años de iniciada la crisis, ningún partido político tenga un diagnóstico coherente de lo que le está pasando a España?

2. ¿Cómo es posible que ningún partido político tenga una estrategia o un plan a largo plazo creíble para sacar a España de la crisis? ¿Cómo es posible que la clase política española parezca genéticamente incapaz de planificar?

3. ¿Cómo es posible que la clase política española sea incapaz de ser ejemplar? ¿Cómo es posible que nadie-salvo el Rey y por motivos propios- haya pedido disculpas?

4. ¿Cómo es posible que la estrategia de futuro más obvia para España -la mejora de la educación, el fomento de la innovación, el desarrollo y el emprendimiento y el apoyo a la investigación- sea no ya ignorada, sino masacrada con recortes por los partidos políticos mayoritarios?

En lo que sigue, argumento que la clase política española ha desarrollado en las últimas décadas un interés particular, sostenido por un sistema de captura de rentas, que se sitúa por encima del interés general de la nación. En este sentido forma una élite extractiva, según la terminología popularizada por Acemoglu y Robinson. Los políticos españoles son los principales responsables de la burbuja inmobiliaria, del colapso de las cajas de ahorro, de la burbuja de las energías renovables y de la burbuja de las infraestructuras innecesarias. Estos procesos han llevado a España a los rescates europeos, resistidos de forma numantina por nuestra clase política porque obligan a hacer reformas que erosionan su interés particular. Una reforma legal que implantase un sistema electoral mayoritario provocaría que los cargos electos fuesen responsables ante sus votantes en vez de serlo ante la cúpula de su partido, daría un vuelco muy positivo a la democracia española y facilitaría el proceso de reforma estructural. Empezaré haciendo una breve historia de nuestra clase política. A continuación la caracterizaré como una generadora compulsiva de burbujas. En tercer lugar explicitaré una teoría de la clase política española. En cuarto lugar usaré esta teoría para predecir que nuestros políticos pueden preferir salir del euro antes que hacer las reformas necesarias para permanecer en él. Por último propondré cambiar nuestro sistema electoral proporcional por uno mayoritario, del tipo first-past-the-post, como medio de cambiar nuestra clase política.

La historia


Los políticos de la Transición tenían procedencias muy diversas: unos venían del franquismo, otros del exilio y otros estaban en la oposición ilegal del interior. No tenían ni espíritu de gremio ni un interés particular como colectivo. Muchos de ellos no se veían a sí mismos como políticos profesionales y, de hecho, muchos no lo fueron nunca. Estos políticos tomaron dos decisiones trascendentales que dieron forma a la clase política que les sucedió. La primera fue adoptar un sistema electoral proporcional corregido, con listas electorales cerradas y bloqueadas. El objetivo era consolidar el sistema de partidos políticos fortaleciendo el poder interno de sus dirigentes, algo que entonces, en el marco de una democracia incipiente y dubitativa, parecía razonable. La segunda decisión, cuyo éxito se condicionaba al de la primera, fue descentralizar fuertemente el Estado, adoptando la versión café para todos del Estado de las autonomías. Los peligros de una descentralización excesiva, que eran evidentes, se debían conjurar a partir del papel vertebrador que tendrían los grandes partidos políticos nacionales, cohesionados por el fuerte poder de sus cúpulas. El plan, por aquel entonces, parecía sensato.

Pero, tal y como le ocurrió al Dr. Frankenstein, lo que creó al monstruo no fue el plan, que no era malo, sino su implementación. Por una serie de infortunios, a la criatura de Frankenstein se le acabó implantando el cerebro equivocado. Por una serie de imponderables, a la joven democracia española se le acabó implantando una clase política profesional que rápidamente devino disfuncional y monstruosa. Matt Taibbi, en su célebre artículo de 2009 en Rolling Stone sobre Goldman Sachs “La gran máquina americana de hacer burbujas” comparaba al banco de inversión con un gran calamar vampiro abrazado a la cara de la humanidad que va creando una burbuja tras otra para succionar de ellas todo el dinero posible. Más adelante propondré un símil parecido para la actual clase política española, pero antes conviene analizar cuáles han sido los cuatro imponderables que han acabado generando a nuestro monstruo.

En primer lugar, el sistema electoral proporcional, con listas cerradas y bloqueadas, ha creado una clase política profesional muy distinta de la que protagonizó la Transición. Desde hace ya tiempo, los cachorros de las juventudes de los diversos partidos políticos acceden a las listas electorales y a otras prebendas por el exclusivo mérito de fidelidad a las cúpulas. Este sistema ha terminado por convertir a los partidos en estancias cerradas llenas de gente en las que, a pesar de lo cargado de la atmósfera, nadie se atreve a abrir las ventanas. No pasa el aire, no fluyen las ideas, y casi nadie en la habitación tiene un conocimiento personal directo de la sociedad civil o de la economía real. La política y sus aledaños se han convertido en un modus vivendi que alterna cargos oficiales con enchufes en empresas, fundaciones y organismos públicos y, también, con canonjías en empresas privadas reguladas que dependen del BOE para prosperar.

En segundo lugar, la descentralización del Estado, que comenzó a principios de los 80, fue mucho más allá de lo que era imaginable cuando se aprobó la Constitución. Como señala Enric Juliana en su reciente libro Modesta España, el Estado de las autonomías inicialmente previsto, que presumía una descentralización controlada de “arriba a abajo”, se vio rápidamente desbordado por un movimiento de “abajo a arriba” liderado por élites locales que, al grito de “¡no vamos a ser menos!”, acabó imponiendo la versión de café para todos del Estado autonómico. ¿Quiénes eran y qué querían estas élites locales? A pesar de ser muy lampedusiano, Juliana se limita a señalar a “un democratismo pequeñoburgués que surge desde abajo”. Eso es, sin duda, verdad. Pero, adicionalmente, es fácil imaginar que los beneficiarios de los sistemas clientelares y caciquiles implantados en la España de provincias desde 1833, miraban al nuevo régimen democrático con preocupación e incertidumbre, lo que les pudo llevar, en muchos casos, a apuntarse a “cambiarlo todo para que todo siga igual” y a ponerse en cabeza de la manifestación descentralizadora. Como resultante de estas fuerzas, se produjo un crecimiento vertiginoso de las Administraciones Públicas: 17 administraciones y gobiernos autonómicos, 17 parlamentos y miles -literalmente miles- de nuevas empresas y organismos públicos territoriales cuyo objetivo último en muchos casos, era generar nóminas y dietas. En ausencia de procedimientos establecidos para seleccionar plantillas, los políticos colocaron en las nuevas administraciones y organismos a deudos, familiares, nepotes y camaradas, lo que llevó a una estructura clientelar y politizada de las administraciones territoriales que era inimaginable cuando se diseñó la Constitución. A partir de una Administración hipertrofiada, la nueva clase política se había asegurado un sistema de captura de rentas -es decir un sistema que no crea riqueza nueva, sino que se apodera de la ya creada por otros- por cuyas alcantarillas circulaba la financiación de los partidos.

En tercer lugar, llegó la gran sorpresa. El poder dentro de los partidos políticos se descentralizó a un ritmo todavía más rápido que las Administraciones Públicas. La idea de que la España autonómica podía ser vertebrada por los dos grandes partidos mayoritarios saltó hecha añicos cuando los llamados barones territoriales adquirieron bases de poder de “abajo a arriba” y se convirtieron, en la mejor tradición del conde de Warwick, en los hacedores de reyes de sus respectivos partidos. En este imprevisto contexto, se aceleró la descentralización del control y la supervisión de las Cajas de Ahorro. Las comunidades autónomas se apresuraron a aprobar sus propias leyes de Cajas y, una vez asegurado su control, poblaron los consejos de administración y cargos directivos con políticos, sindicalistas, amigos y compinches. Por si esto fuera poco, las Cajas tuteladas por los gobiernos autonómicos hicieron proliferar empresas, organismos y fundaciones filiales, en muchas ocasiones sin objetivos claros aparte del de generar más dietas y más nóminas.

Y en cuarto lugar, aunque la lista podría prolongarse, la clase política española se ha dedicado a colonizar ámbitos que no son propios de la política como, por ejemplo y sin ánimo de ser exhaustivo, el Tribunal Constitucional, el Consejo General del Poder Judicial, el Banco de España, la CNMV, los reguladores sectoriales de energía y telecomunicaciones, la Comisión de la Competencia… El sistema democrático y el Estado de derecho necesitan que estos organismos, que son los encargados de aplicar la Ley, sean independientes. La politización a la que han sido sometidos ha terminado con su independencia, provocando una profunda deslegitimación de estas instituciones y un severo deterioro de nuestro sistema político. Pero es que hay más. Al tiempo que invadía ámbitos ajenos, la política española abandonaba el ámbito que le es propio: el Parlamento. El Congreso de los Diputados no es solo el lugar donde se elaboran las leyes; es también la institución que debe exigir la rendición de cuentas. Esta función del Parlamento, esencial en cualquier democracia, ha desaparecido por completo de la vida política española desde hace muchos años. La quiebra de Bankia, escenificada en la pantomima grotesca de las comparecencias parlamentarias del pasado mes de julio, es sólo el último de una larga serie de casos que el Congreso de los Diputados ha decidido tratar como si fuesen catástrofes naturales, como un terremoto, por ejemplo, en el que aunque haya víctimas no hay responsables. No debería sorprender, desde esta perspectiva, que los diputados no frecuenten la Carrera de San Jerónimo: hay allí muy poco que hacer.

Las burbujas


Los cuatro procesos descritos en los párrafos anteriores han conformado un sistema político en el que las instituciones están, en el mal sentido de la palabra, excesivamente politizadas y en el que nadie acaba siendo responsable de sus actos porque nunca se exige en serio rendición de cuentas. Nadie dentro del sistema pone en cuestión los mecanismos de capturas de rentas que constituyen el interés particular de la clase política española. Este es el contexto en el que se desarrollaron no sólo la burbuja inmobiliaria y el saqueo y quiebra de la gran mayoría de las Cajas de Ahorro, sino también otras “catástrofes naturales”, otros “actos de Dios”, a cuya generación tan adictos son nuestros políticos. Porque, como el gran calamar de Taibbi, la clase política española genera burbujas de manera compulsiva. Y lo hace no tanto por ignorancia o por incompetencia como porque en todas ellas captura rentas. Hagamos, sin pretensión alguna de exhaustividad, un brevísimo repaso de las principales tropelías impunes de las últimas dos décadas: la burbuja inmobiliaria, las Cajas de Ahorro, las energías renovables y las nuevas autopistas de peaje.

La burbuja inmobiliaria española fue, en términos relativos, la mayor de las tres que estuvieron en el origen de la actual crisis global, siendo las otras dos la estadounidense y la irlandesa. No hay duda de que, como las demás, estuvo alimentada por los bajos tipos de interés y por los desequilibrios macroeconómicos a escala mundial. Pero, dicho esto, al contrario de lo que sucede en EE UU, las decisiones sobre qué se construye y dónde se construye en España se toman en el ámbito político. Aquí no se puede hablar de pecados por omisión, de olvido del principio de que los gestores públicos deben gestionar como diligentes padres de familia. No. En España la clase política ha inflado la burbuja inmobiliaria por acción directa, no por omisión ni por olvido. Los planes urbanísticos se fraguan en complejas y opacas negociaciones de las que, además de nuevas construcciones, surgen la financiación de los partidos políticos y numerosas fortunas personales, tanto entre los recalificados como entre los recalificadores. Por si el poder de los políticos –decidir el qué y el dónde- no fuese suficiente, la transmisión del control de las Cajas de Ahorro a las comunidades autónomas añadió a los dos anteriores el poder de decisión sobre el quién, es decir, el poder de decisión sobre quién tenía financiación de la Caja de turno para ponerse a construir. Esto supuso un salto cualitativo en la capacidad de captura de rentas de la clase política española, acercándola todavía más a la estrategia del calamar vampiro de Taibbi. Primero se infla la burbuja, a continuación se capturan todas las rentas posibles y, por último, a la que la burbuja pincha… ¡ahí queda eso! El panorama, cinco años después del pinchazo de la burbuja, no puede ser más desolador. La economía española no crecerá durante muchos años más. Y las Cajas de Ahorro han desaparecido, la gran mayoría por insolvencia o quiebra técnica. ¡Ahí queda eso!

Las otras dos burbujas que mencionaré son resultado de la peculiar simbiosis de nuestra clase política con el “capitalismo castizo”, es decir, con el capitalismo español que vive del favor del Boletín Oficial del Estado. En una reunión reciente, un conocido inversor extranjero lo llamó “relación incestuosa”; otro, nacional, habló de “colusión contra consumidores y contribuyentes”. Sea lo que sea, recordemos en primer lugar la burbuja de las energías renovables. España representa un 2% del PIB mundial y está pagando el 15% del total global de las primas a las energías renovables. Este dislate, presentado en su día como una apuesta por situarse en la vanguardia de la lucha contra el cambio climático, es un sinsentido que España no se puede permitir. Pero estas primas generan muchas rentas y prebendas capturadas por la clase política y, también hay que decirlo, mucho fraude y mucha corrupción a todos los niveles de la política y de la Administración. Para financiar las primas, las empresas y familias españolas pagan la electricidad más cara de Europa, lo que supone una grave merma de competitividad para nuestra economía. A pesar de esos precios exagerados, y de que la generación eléctrica tiene un exceso de capacidad de más del 30%, el sistema eléctrico español ostenta un déficit tarifario de varios miles de millones de euros al año y más de 24.000 millones de deuda acumulada que nadie sabe cómo pagar. La burbuja de las renovables ha pinchado y… ¡ahí queda eso!

La última burbuja que traeré a colación, aunque la lista es más larga (fútbol, televisiones…), es la formada por las innumerables infraestructuras innecesarias construidas en las últimas dos décadas a costes astronómicos para beneficio de constructores y perjuicio de contribuyentes. Uno de los casos más chirriantes es el de las autopistas radiales de Madrid, pero hay muchísimos más. Las radiales, que pretendían descongestionar los accesos a Madrid, se diseñaron y construyeron haciendo dejación de principios muy importantes de prudencia y buena administración. Para empezar, se hicieron unas previsiones temerarias del tráfico que dichas autopistas iban a tener. En la actualidad el tráfico no supera el 30% de lo previsto. Y no es por la crisis: en los años del boom tampoco había tráfico. A continuación ¿incomprensiblemente? el Gobierno permitió que los constructores y los concesionarios fuesen, esencialmente, los mismos. Esto es un disparate, porque al disfrazarse los constructores de concesionarios mediante unas sociedades con muy poco capital y mucha deuda, se facilitaba que pasara lo que acabó pasando: los constructores cobraron de las concesionarias por construir las autopistas y, al constatarse que no había tráfico, amenazaron con dejarlas quebrar. Los principales acreedores eran ¡oh sorpresa! las Cajas de Ahorro. Los más de 3.000 millones de deuda nadie sabe cómo pagarlos y acabarán recayendo sobre el contribuyente pero, en cualquier caso, ¡ahí queda eso!

La teoría


Termino aquí la parte descriptiva de este artículo en la que he resumido unos pocos “hechos estilizados” que considero representativos del comportamiento colectivo, no necesariamente individual, y esto es importante recordarlo, de los políticos españoles. Paso ahora a formular una teoría de la clase política española como grupo de interés.

El enunciado de la teoría es muy simple. La clase política española no sólo se ha constituido en un grupo de interés particular, como los controladores aéreos, por poner un ejemplo, sino que ha dado un paso más, consolidándose como una élite extractiva, en el sentido que dan a este término Acemoglu y Robinson en su reciente y ya célebre libro Por qué fracasan las naciones. Una élite extractiva se caracteriza por:

"Tener un sistema de captura de rentas que permite, sin crear riqueza nueva, detraer rentas de la mayoría de la población en beneficio propio".

"Tener el poder suficiente para impedir un sistema institucional inclusivo, es decir, un sistema que distribuya el poder político y económico de manera amplia, que respete el Estado de derecho y las reglas del mercado libre. Dicho de otro modo, tener el poder suficiente para condicionar el funcionamiento de una sociedad abierta -en el sentido de Popper- u optimista -en el sentido de Deutsch".

"Abominar la 'destrucción creativa', que caracteriza al capitalismo más dinámico. En palabras de Schumpeter "la destrucción creativa es la revolución incesante de la estructura económica desde dentro, continuamente destruyendo lo antiguo y creando lo nuevo". Este proceso de destrucción creativa es el rasgo esencial del capitalismo.”Una élite extractiva abomina, además, cualquier proceso innovador lo suficientemente amplio como para acabar creando nuevos núcleos de poder económico, social o político".

Con la navaja de Occam en la mano, si esta sencilla teoría tiene poder explicativo, será imbatible. ¿Qué tiene que decir sobre las cuatro preguntas que se le han planteado al principio del artículo? Veamos:

1. La clase política española, como élite extractiva, no puede tener un diagnóstico razonable de la crisis. Han sido sus mecanismos de captura de rentas los que la han provocado y eso, claro está, no lo pueden decir. Cierto, hay una crisis económica y financiera global, pero eso no explica seis millones de parados, un sistema financiero parcialmente quebrado y un sector público que no puede hacer frente a sus compromisos de pago. La clase política española tiene que defender, como está haciendo de manera unánime, que la crisis es un acto de Dios, algo que viene de fuera, imprevisible por naturaleza y ante lo cual sólo cabe la resignación.

2. La clase política española, como élite extractiva, no puede tener otra estrategia de salida de la crisis distinta a la de esperar que escampe la tormenta. Cualquier plan a largo plazo, para ser creíble, tiene que incluir el desmantelamiento, por lo menos en parte, de los mecanismos de captura de rentas de los que se beneficia. Y eso, por supuesto, no se plantea.

3. ¿Pidieron perdón los controladores aéreos por sus desmanes? No, porque consideran que defendían su interés particular. ¿Alguien ha oído alguna disculpa de algún político por la situación en la que está España? No, ni la oirá, por la misma razón que los controladores. ¿Cómo es que, como medida ejemplarizante, no se ha planteado en serio la abolición del Senado, de las diputaciones, la reducción del número de ayuntamientos…? Pues porque, caídas las Cajas de Ahorro -y ante las dificultades presentes para generar nuevas burbujas- la defensa de las rentas capturadas restantes se lleva a ultranza.

4. Tal y como establece la teoría de las élites extractivas, los partidos políticos españoles comparten un gran desprecio por la educación, una fuerte animadversión por la innovación y el emprendimiento y una hostilidad total hacia la ciencia y la investigación. De la educación sólo parece interesarles el adoctrinamiento: las estridentes peleas sobre la Educación para la Ciudadanía contrastan con el silencio espeso que envuelve las cuestiones verdaderamente relevantes como, por ejemplo, el elevadísimo fracaso escolar o los lamentables resultados en los informes PISA. La innovación y el emprendimiento languidecen en el marco de regulaciones disuasorias y fiscalidades punitivas sin que ningún partido se tome en serio la necesidad de cambiarlas. Y el gasto en investigación científica, concebido como suntuario de manera casi unánime, se ha recortado con especial saña sin que ni un solo político relevante haya protestado por un disparate que compromete más que ningún otro el futuro de los españoles.

La teoría de las élites extractivas, por lo visto hasta aquí, parece dar sentido a bastantes rasgos llamativos del comportamiento de la clase política española. Veamos qué nos dice sobre el futuro.

La predicción


La crisis ha acentuado el conflicto entre el interés particular de la clase política española y el interés general de España. Las reformas necesarias para permanecer en el euro chocan frontalmente con los mecanismos de captura de rentas que sostienen dicho interés particular. Por una parte, la estabilidad presupuestaria va a requerir una reducción estructural del gasto de las Administraciones públicas superior a los 50 millardos de euros, un 5% del PIB. Esto no puede conseguirse con más recortes coyunturales: hacen falta reformas en profundidad que, de momento, están inéditas. Se tiene que reducir drásticamente el sector público empresarial, esa zona gris entre la Administración y el sector privado, que, con sus muchos miles de empresas, organismos y fundaciones, constituye una de las principales fuentes de rentas capturadas por la clase política. Por otra parte, para volver a crecer, la economía española tiene que ganar competitividad. Para eso hacen falta muchas más reformas para abrir más sectores a la competencia, especialmente en el mencionado sector público empresarial y en sectores regulados. Esto debería hacer más difícil seguir creando burbujas en la economía española.

La infinita desgana con la que nuestra clase política está abordando el proceso reformista ilustra bien que, colectivamente al menos, barrunta las consecuencias que las reformas pueden tener sobre su interés particular. La única reforma llevada a término por iniciativa propia, la del mercado de trabajo, no afecta directamente a los mecanismos de captura de rentas. Las que sí lo hacen, exigidas por la UE como, por ejemplo, la consolidación fiscal, no se han aplicado. Deliberadamente, el Gobierno confunde reformas con recortes y subidas de impuestos y ofrece los segundos en vez de las primeras, con la esperanza de que la tempestad amaine por sí misma y, al final, no haya que cambiar nada esencial. Como eso no va a ocurrir, en algún momento la clase política española se tendrá que plantear el dilema de aplicar las reformas en serio o abandonar el euro. Y esto, creo yo, ocurrirá más pronto que tarde.

La teoría de las élites extractivas predice que el interés particular tenderá a prevalecer sobre el interés general. Yo veo probable que en los dos partidos mayoritarios españoles crezca muy deprisa el sentimiento “pro peseta”. De hecho, ya hay en ambos partidos cabezas de fila visibles de esta corriente. La confusión inducida entre recortes y reformas tiene la consecuencia perversa de que la población no percibe las ventajas a largo plazo de las reformas y sí experimenta el dolor a corto plazo de los recortes que, invariablemente, se presentan como una imposición extranjera. De este modo se crea el caldo de cultivo necesario para, cuando las circunstancias sean propicias, presentar una salida del euro como una defensa de la soberanía nacional ante la agresión exterior que impone recortes insufribles al Estado de bienestar. También, por poner un ejemplo, los controladores aéreos presentaban la defensa de su interés particular como una defensa de la seguridad del tráfico aéreo. La situación actual recuerda mucho a lo ocurrido hace casi dos siglos cuando, en 1814, Fernando VII – El Deseado- aplastó la posibilidad de modernización de España surgida de la Constitución de 1812 mientras el pueblo español le jaleaba al grito de ¡vivan las “caenas”! Por supuesto que al Deseado actual –llámese Mariano, Alfredo u otra cosa- habría que jalearle incorporando la vigente sensibilidad autonómica, utilizando gritos del tipo ¡viva Gürtel! ¡vivan los ERE de Andalucía! ¡visca el Palau de la Música Catalana! Pero, en cualquier caso, las diferencias serían más de forma que de fondo.

Una salida del euro, tanto si es por iniciativa propia como si es porque los países del norte se hartan de convivir con los del sur, sería desastrosa para España. Implicaría, como acertadamente señalaron Jesús Fernández-Villaverde, Luis Garicano y Tano Santos en EL PAÍS el pasado mes de junio, no sólo una vuelta a la España de los 50 en lo económico, sino un retorno al caciquismo y a la corrupción en lo político y en lo social que llevaría a fechas muy anteriores y que superaría con mucho a la situación actual, que ya es muy mala. El calamar vampiro, reducido a chipirón, sería cabeza de ratón en vez de cola de león, pero eso nuestra clase política lo ve como un mal menor frente a la alternativa del harakiri que suponen las reformas. Los liberales, como en 1814, serían masacrados –de hecho, en los dos partidos mayoritarios, ya se observan movimientos en esa dirección.

El peligro de que todo esto acabe ocurriendo en un plazo relativamente corto es, en mi opinión, muy significativo. ¿Se puede hacer algo por evitarlo? Lamentablemente, no mucho, aparte de seguir publicando artículos como éste. Como muestran todos los sondeos, el desprestigio de la clase política española es inmenso, pero no tiene alternativa a corto plazo. A más largo plazo, como explico a continuación, sí la tiene.

Cambiar el sistema electoral


La clase política española, como hemos visto en este artículo, es producto de varios factores entre los que destaca el sistema electoral proporcional, con listas cerradas y bloqueadas confeccionadas por las cúpulas de los partidos políticos. Este sistema da un poder inmenso a los dirigentes de los partidos y ha acabado produciendo una clase política disfuncional. No existe un sistema electoral perfecto -todos tienen ventajas e inconvenientes- pero, por todo lo expuesto hasta aquí, en España se tendría que cambiar de sistema con el objetivo de conseguir una clase política más funcional. Los sistemas mayoritarios producen cargos electos que responden ante sus electores, en vez de hacerlo de manera exclusiva ante sus dirigentes partidarios. Como consecuencia, las cúpulas de los partidos tienen menos poder que las que surgen de un sistema proporcional y la representatividad que dan de las urnas está menos mediatizada. Hasta aquí todo son ventajas. También hay inconvenientes. Un sistema proporcional acaba dando escaños a partidos minoritarios que podrían no obtener ninguno con un sistema mayoritario. Esto perjudicaría a partidos minoritarios de base estatal, pero beneficiaría a partidos minoritarios de base regional. En cualquier caso, el rasgo relevante de un sistema mayoritario es que el electorado tiene poder de decisión no solo sobre los partidos sino también sobre las personas que salen elegidas y eso, en España, es ahora una necesidad perentoria que compensa con creces los inconvenientes que el sistema pueda tener.

Un sistema mayoritario no es bálsamo de Fierabrás que cure al instante cualquier herida. Pero es muy probable que generase una clase política diferente, más adecuada a las necesidades de España. En Italia es inminente una propuesta de ley para cambiar el actual sistema proporcional por uno mayoritario corregido: dos tercios de los escaños se votarían en colegios uninominales y el tercio restante en listas cerradas en las que los escaños se distribuirían proporcionalmente a los votos obtenidos. Parece ser que el Gobierno “técnico” de Monti ha llegado a conclusiones similares a las que defiendo yo aquí: sin cambiar a una clase política disfuncional no puede abordarse un programa reformista ambicioso. Y es que, como le oí decir una vez a Carlos Solchaga, un “técnico” es un político que, además, sabe de algo. ¿Para cuándo una reforma electoral en España? ¿Habrá que esperar a que lleguen los “técnicos”?



miércoles, 5 de septiembre de 2012

Paraísos fiscales y SICAVs. Podcast de RNE1

Hola queridos:

Regreso al blog después de un largo periodo veraniego de silencio, que no de pasividad, y de reflexión sobre como ser más útiles para salir con éxito de esta profunda crisis, no solo económica sino, en el fondo, de valores. Iremos desglosando ideas, pero el tema de reapertura del blog sigue aún en la línea anterior. Se trata de los paraísos fiscales y las SICAVs

 
No me resisto a distribuir este estupendo y revelador Podcast de Radio Nacional de España, donde en 55 minutos podrás escuchar muy buena información y muchos datos de cómo funciona un paraíso fiscal, con participación de personas bien enteradas del asunto, así como una iniciación a las SICAVs, los fondos de inversión colectiva por donde se escapan de los impuestos grandes cantidades de dinero de los más ricos.

URL: http://www.rtve.es/alacarta/audios/futuro-abierto/futuro-abierto-050611/1120864/

y el participante principal Juan Hernández Viguera, autor de: “La Europa opaca de las finanzas”. Editorial Icaria y “Los paraísos fiscales: cómo los centros “offshore” socavan la democracia. Editorial Akal.
 
Si no te funciona bien la conexión, encontrarás el programa en la página web de RNE: http://www.rtve.es/radio/ en la programación del 2 de Septiembre. Por cierto, el programa fue emitido en la madrugada de un domingo a las 5,00 de la mañana.
 
Espero que te sea de utilidad


 


  

miércoles, 20 de junio de 2012

EUROVEGAS. No todo vale para salir de la crisis.

Los próximos días 25 y 26 de Junio, Sheldon Adelson, el magnate promotor de ciudades del vicio vendrá a España a reunirse con los responsables políticos de Barcelona y Madrid respectivamente. Tiene a las dos ciudades compitiendo por hacerle más regalos para que instale en sus territorios su ciudad del vicio europea, y ha elegido a España para ello.


El hecho de que no le reciba una gran manifestación de ciudadanos en cada una de las ciudades, al menos tan grande como la que llena sus estadios de futbol cada domingo, exigiéndole a él, para que lo oigan bien nuestros políticos, que se marche a otro país con sus proyectos de vicio es algo muy preocupante. Es una muestra clara del deterioro y la descomposición de valores humanos a la que estamos llegando poco a poco en esta sociedad, como sin darnos cuenta.

La primera pregunta que me viene a la cabeza es ¿qué tipo de sociedad queremos para nosotros y para nuestros descendientes? ¿Una sociedad de valores de educación, cultura, arte, salud, buenas costumbres, paz, sostenibilidad, hermandad? ¿O todo vale con salir delante de la crisis?. Porque si todo vale, también puede valer, por ejemplo; la fabricación masiva de armamentos, la conversión del país en un nuevo paraíso fiscal, convertinos en almacenistas de residuos peligrosos y contaminantes, hacer la vista más gorda al tráfico de drogas, etc, etc. En este mundo tan pervertido, hipócrita e inmoral cuando hay dinero por medio, hay muchas maneras de ganarlo, pero no son honradas y yo no las quiero para mi país. ¿Las quieres tu?. ¿Hemos de salir de la crisis a cualquier precio?. Esa es la pregunta principal.

Porque, no nos engañemos ni nos adormezcamos con los juegos de palabras de los políticos y los eufemismos con respecto al tema: Eurovegas, esté en Barcelona o esté en Madrid, es una colección de casinos de juego, que quiere venir a España para que la gente que no va a Las Vegas venga aquí a perder su dinero en este vicio. El juego siempre viene acompañado de sus tres inseparables socios: prostitución, mafia y droga, más prostitución, más mafia y mas droga de la que ya hay, sin duda alguna. En este caso, Eurovegas viene acompañada de una cuarta secuela tan negativa como las anteriores, la exigencia de un claro retroceso en legislación económica y social: despido libre, acceso libre de ludópatas a los casinos, exención de impuestos, relajación en los pagos a la seguridad social, acceso libre de capitales e inmigración selectiva, etc, etc. Por estas lindezas retrógradas están compitiendo nuestras ciudades, mientras Sheldon Adelson se frota las manos pensando en cuanto va a sacar de esta competencia. Eso es lo que trae realmente Eurovegas y por lo que estamos compitiendo para instalar en nuestra Comunidad.


Nos dicen que trae teatros, exposiciones, conciertos, cultura, turismo, puestos de trabajo, ingresos, etc, nos intentarán deslumbrar con este tipo de ventajas mientras ponen sordina y mencionan solo muy de pasada la parte negativa del asunto, el vicio (no diré el juego, porque no quiero degradar la palabra juego, que es muy lúdico para todos cuando no implica dinero). Repito la pregunta inicial, ¿queremos crecimiento a cualquier precio?. Yo no. Eurovegas no es EuroDisney ni Port Aventura, no es una especie de parque temático más, es una ciudad del vicio con muchas secuelas, tanto físicas como energéticas, muy negativas.

Se escudarán en que el juego de dinero no es ilegal, apelarán a la sacrosanta libertad para justificarse, clamarán que a nadie le van a obligar a entrar en los casinos ni a jugarse su dinero, pero ese no es el debate principal, no es centro de la cuestión. El debate directo y real es el que se está poniendo últimamente sobre el tapete con más frecuencia de la deseada: moralidad versus legalidad. Seguro que lo que plantean y quieren llevar a cabo será legal en las formas (y si no es legal, se cambiará la ley, lo cual, cuando hay dinero por medio es más fácil de lo que parece) pero ¿es moral? ¿nos lleva hacia una sociedad mejor? ¿nos hace avanzar en una sociedad de valores?. No, todo lo contrario, es un retroceso hacia una sociedad que permite o fomenta de bajos instintos de los seres humanos. En una sociedad confusa, debilitada por la crisis y sin norte claro de futuro, es fácil el desarrollo de conductas insanas, malévolas, delictivas y desestabilizantes, y Eurovegas viene a añadir más leña al fuego a cambio de dinero, el cual, por lo que se ve, tendremos que poner entre todos en gran medida.

Los partidos políticos y organizaciones sociales que no desean este tipo de ciudades entre nosotros, que son muy minoritarios, no han enfocado el asunto correctamente, al menos en Madrid, en Alcorcón más exactamente, que es donde se instalaría Eurovegas. Han centrado su oposición en resaltar los aspectos legales que contraviene la instalación de este putiferio, el incumplimiento de normativas urbanísticas, de sostenibilidad, impacto ambiental, laboral, etc, un enfoque del problema absolutamente insuficiente para aunar voluntades de oposición porque esas normativas, siempre de segundo orden, simplemente se cambian o se saltan. El problema no está en los juzgados, está en la defensa a ultranza de una sociedad de valores, de moralidad, de salud física y psíquica, de progreso en integridad y honradez, y de felicidad y paz. ¿La queremos o no?

Decía Lenin; los capitalistas se pelearán entre ellos por venderte la soga con la que les ahorques. Eso están haciendo Artur Mas y Esperanza Aguirre con Eurovegas, competir ofreciendo las ventajas y los terrenos donde florecerá la ludopatía, la mafia, la droga y la prostitución.


Decía el sabio jefe indio, más o menos; Todo ser humano lleva dentro un lobo y un águila (equivalente en nuestra cultura a un demonio y un ángel), crecerá y se desarrollará aquel al que alimentes más, y destruirá al otro. La pregunta es: ¿a quién alimentamos con Eurovegas?

Ahora hablando en clave del mundo espiritual, Eurovegas, se ubique donde se ubique, será un polo de atracción de oscuridad energética, un foco de energías bajos astrales adicionales muy perjudicial para la ciudad y el país donde se instale. Viviendo yo en Madrid podría sentirme tentado a que Eurovegas se fuera lejos de aquí, a Barcelona, pero amo demasiado Catalunya y a los catalanes (donde tengo muchos amigos) como para desearles este mal. Lo que deseo y cocreo es que Sheldon Adelson se arruine porque a sus casinos en todo el mundo deje de entrar la gente, pro convencimiento y consciencia.

También me sorprende que el mundo espiritual haya tenido una respuesta tan tímida (si es que ha tenido alguna) a esta invasión energética oscura. Si queremos la Nueva Tierra, como tanto se promulga, no querremos Eurovegas en ella, ni sus secuelas oscuras, supongo. Por ello, toda persona de bien, de valores, de espíritu, de alma, debe sentirse agredido por esta invasión de la oscuridad y reaccionar ante ella con la herramienta energética que mejor domine, incluida la oposición física.

La oposición radical a Eurovegas sería una oportunidad para unir a todo el mundo espiritual en una acción concreta y conjunta de saneamiento y limpieza energética de nuestro país, y nos fallaríamos a nosotros mismos y perdería mucho valor nuestro mensaje luminoso si Eurovegas se instalara en España sin que nadie hubiese abierto la boca.

Si quieres una nueva tierra, un mundo mejor, una democracia real únete a la oposición a Eurovegas, allí donde te encuentres y con quien la ejerza.

martes, 19 de junio de 2012

Un asunto de codicia humana

No lo digo yo, lo ha dicho esta mañana en Radio Nacional el Catedrático de Economía Financiera de la Universidad Complutense de Madrid, Juan Antonio Maroto. La elevadísima prima de riesgo que sufrimos cada día y que nos exprime y ahoga no tiene nada que ver con las elecciones griegas, ni con la deuda de la banca española, ni con la situación de crisis del país, ni con la confianza en las reformas realizadas por el gobierno; es un escenario de pura y simple especulación, un asunto de “codicia humana”. Lo ha dicho con esas palabras, un asunto de codicia humana.



Se puede luego lo hacemos, el mercado de la desconfianza es mucho más rentable y beneficioso que el de la confianza, así pues, desconfiemos a ultranza, piensa el especulador, sean cual sean las medidas que se tomen o la situación real. Me extendí sobre este asunto en un post anterior: El negocio de la desconfianza, el pasado 2 de junio.

Por eso, siempre que sale una emisión de deuda del banco de España se cubre, es más, sobra dinero para prestarnos. Dinero para España hay, luego confianza en que lo devolverá también hay, siempre que se pague muy caro porque se puede exigir, porque España está débil.

En el sistema capitalista imperante esto es legal, nada que objetar, es totalmente legal, forma parte de las reglas del sistema, nadie se avergüenza por ello, más bien todo lo contrario, ganan mucho dinero legalmente y esperan que la situación dure. Este es el sistema que nos quieren vender como perfecto, el sistema en el que la codicia humana encuentra el camino libre y legal para arrasar y empobrecer pueblos como un quinto jinete del Apocalipsis sin freno ni oposición.

Y en este retorcido mundo financiero se dan extrañas paradojas como las siguientes, que una mente no enferma de codicia, como la mía y la de toda la gente honrada y bien intencionada no aciertan a comprender. Veamos:

El BCE liberó hace unos meses 300.000 millones de Euros para la banca europea. Una importante cantidad de este dinero fue requerido y prestado a la banca española que no lo empleó para capitalizarse, ni para dar créditos que mejoren la economía de las empresas y el consumo, sino para prestárselo al gobierno español a una elevada tasa de interés para hacer un buen negocio, mientras que el gobierno tiene que actuar de avalista de la propia banca respondiendo con el dinero de todos para capitalizar a dicha banca. Un círculo vicioso incomprensible.

Hace 14 semanas que el BCE no compra bonos españoles y nos deja a la intemperie de los mercados más voraces para que nos expriman bien exprimidos. El BCE está principalmente sostenido y dirigido por los grandes bancos alemanes. ¿Para qué van a ordenar al BCE que compre deuda española y, con ello, baje la tasa de interés si pueden comprar ellos la misma deuda a una tasa de interés mucho mayor?. ¿Por qué hubo dinero para la banca española entonces y ahora no hay nada ahora sino no es el Estado el que lo recibe? ¿De dónde vienen y qué pretenden estos bandazos? Yo tengo la seguridad de que la banca española no va a pagar estas ayudas, eso está pactado, se quedará con el dinero para seguírselo prestando al gobierno a alto interés y hacerse así legalmente con los ahorros las bajadas de salarios de los funcionarios, los futuros recortes de las pensiones, etc, etc, y el marrón nos lo volveremos a comer todos los ciudadanos con más recortes y con más pobreza, como tantas otras cosas. Esto no es una paradoja, es simple lógica capitalista.

¿Por qué no se deja caer al Banco de Valencia, por ejemplo, que lo hizo rematadamente mal apoyando las locuras ególatras de Camps, y que fue expoliado también por sus propios consejeros, y se deja caer a cualquier empresa, productiva y rentable, que no encuentra financiación para su desarrollo?.

Un asunto de codicia humana. De vergüenza.     

Otra "conciencia tranquila"

La primera vez que oí esta frase, de forma consciente, fue a George Bush cuando abandonaba la presidencia de Estados Unidos. Se iba del cargo “con la conciencia tranquila”, después de haber arrasado Irak, Afganistán y su propio país con la crisis financiera y la caída de Lehman Brother. Con la conciencia tranquila.

Una vez que fui consciente de la frase, empecé a oírla con frecuencia, con demasiada frecuencia por desgracia, a casi todos los políticos corruptos y sorprendidos en su corrupción: Francisco Camps y su aprendiz Ricardo Costa, Francisco Correa y Bigotes, los degenerados altos funcionarios de la Junta de Andalucía, etc, etc, etc,

Hace pocos días la he oído de nuevo, ahora a Carlos Dívar, el Presidente del Consejo General del Poder Judicial y del Tribunal Supremo, la máxima instancia judicial de este país, en relación a las acusaciones contra él por las reiteradas juergas que se corrió a costa del erario público. El también tiene “la conciencia tranquila”. No sabemos con seguridad si se marchará pasado mañana, no lo ha dicho claro, pero si sabemos que su conciencia se marcha tranquila. Otro más en la larga lista.



A los ciudadanos no nos engaña su conciencia tranquila pero nos ofende muy seriamente porque, si bien no se ha gastado demasiado dinero público, en términos absolutos, en términos de integridad y de honradez, ha dejado a la justicia española por los suelos, y eso es muy grave. ¿En quién confiar ahora?.

Pero además de ese importante daño, lo peor es que entre todos han defenestrado a la palabra “conciencia”, la han vaciado de contenido y la han robado su poder como herramienta para medir y acrecentar la integridad y el valor moral de las personas que tienen la honradez y la honestidad como una alta meta individual y colectiva.

Obrar “en conciencia”, actos “de conciencia”, mejoro mis actos para que no “me remuerda la conciencia”, tengo de verdad “la conciencia tranquila” son expresiones a las que hay que devolver su significado pleno y poderoso reivindicando la integridad personal, la honestidad y la impecabilidad como un altísimo valor de conducta humana necesario para la convivencia pacífica y feliz de la sociedad humana.

jueves, 14 de junio de 2012

¡Cómo nos engañan nuestros dirigentes!


Primero nos dijeron que las cuentas públicas nacionales eran las culpables de la elevada prima de riesgo y de la falta de financiación, que había que corregir el déficit generado por los excesos de tanta infraestructura cara e inútil, que había que acabar al fiesta del sur, etc, y eso nos costó recortes de salarios, de prestaciones sociales, pérdida de derechos laborales, retracción a la inversión y al gasto público con su secuela de paro, destrucción de empresas, más paro, etc, y una prima de riesgo excesiva, a beneficio de especuladores financieros.

Después, cuando a golpe de recorte y sufrimiento logramos hacer los deberes para corregir el déficit nacional, nos dicen que no, que no son la deuda y el déficit nacionales los verdaderamente culpables, que los verdaderamente culpables de la situación son la deuda y el déficit autonómicos, que esos sí que son realmente elevados y que las autonomías están en la ruina y que no pagan a los proveedores entre otras miles de cosas que hacen la situación insostenible y que, como consecuencia, aumentan la prima de riesgo, de nuevo a beneficio de especuladores financieros. Esto nos cuesta más recortes, más reformas, menos derechos, menos inversión, paro, más paro. Otra vuelta de tuerca a lo mismo y a los mismos.

Pero no, realmente no es este el problema, nos dicen una vez que ya han dado la vuelta de tuerca, en realidad el problema es la deuda privada nacional, el endeudamiento de los particulares por haber llevado un tren de vida superior a sus posibilidades y por haber comprado demasiadas viviendas que no ahora no pueden pagar por culpa del paro. Otra caída de la confianza país y otra subida de la prima de riesgo, a beneficio de especuladores financieros.

Pero resulta que, como consecuencia de esta deuda privada y de la elevada morosidad hipotecaria, ahora es la banca la que tiene un gran problema de balance, la que tiene pisos devueltos en lugar de dinero los cuales valen la mitad de su precio de compra, y que, por ello, está rota, o sea, en banca-rrota, nunca mejor dicho. Ello disminuye la confianza en el país e incrementa de nuevo la prima de riesgo, a beneficio de especuladores financieros.

Pero no, yendo a los detalles (no olviden que ahí se oculta el diablo, hemos aprendido estos días) resulta que no toda la banca española está contaminada, solo unos cuantos bancos: Bankia, Caixa Catalunya, Caixa Novagalicia, Banco de Valencia y otra media docena de cajas pequeñas más, sin embargo los dos grandes, Santander y BBVA junto con otros muchos bancos y cajas, están sin problemas y no necesitan rescate, pero los bancos malos sí lo necesitan y por eso hay que acudir a un rescate. Un rescate a través del gobierno, no directamente a los bancos. Ello mina la confianza de los inversores en que el dinero pueda devolverse y vuelve a aumentar la prima de riesgo, a beneficio de especuladores financieros.

Observa que ya no hablamos del déficit ni de la deuda nacionales, del déficit ni de la deuda autonómicos, de la deuda en manos de particulares, ni siquiera de la deuda de toda la banca sino de unos cuantos bancos, solo la deuda de unos cuantos bancos, según nos dicen ahora, nos ha llevado a la pérdida de derechos, de salarios, de inversiones, de puestos de trabajo, aumento de impuestos, alargamiento de la edad de jubilación, etc, etc, etc, etc.

De estos bancos malos, Bankia es el más grande. Resultado de la fusión principalmente de Cajamadrid y Bancaja junto con cinco cajas menores, ahora nos dicen que bueno, que realmente CajaMadrid no estaba tan mal, que la que viene bien contaminada es Bancaja, totalmente en la ruina y es la que arrastra principalmente el balance de Bankia. A este paso nos vamos quedando sin nada, El problema país se está disolviendo en el problema de unas cuantas cajas y bancos de segundo orden, pero la prima de riesgo sigue por las nubes, a beneficio de especuladores financieros y a costa del general de la población, que no ha tenido arte ni parte en este desaguisado.

Un paso más allá, Bancaja y el Banco de Valencia, que se despiden con indemnizaciones millonarias para los ejecutivos que las han arruinado, eran la fuente de financiación junto con la Caja de Ahorros del Mediterráneo (CAM), sin rechistar, de las veleidades y los faraónicos proyectos del Sr. Camps y el Sr. Fabra, su gobierno títere y lacayo, y sus parásitos amigos de la trama Gurtel: Aeropuerto de Castellón, Terra Mítica, Estadio del Valencia, Ciudad del Cine de Alicante, Ciudad de las Ciencias, Copa América, Formula I, Visita del Papa, diseño de torres de Calatrava, etc, etc, etc. la mejor Comunidad del mundo, según Camps. Todo ello a beneficio de constructores y empresarios amigos, funcionarios corruptos y un partido que ahora lo esconde y niega.

Fíjate donde hemos llegado, qué vuelta tan estrambótica del todo nacional a una nada autonómica. Sería de risa, si no nos hubiésemos dejado piel en la gatera todos los españoles de a pié, y lo que nos queda

¡Como nos engañan nuestro dirigentes! ¡A la cárcel! ¡Regeneración de la política y los políticos! ¡Reinicio!

martes, 5 de junio de 2012

La soledad de Rajoy

La soledad de Rajoy ante el mundo, ante los hostiles mercados internacionales, ante sus “amigos” banqueros del BCE y ante su Angela-ical “dama del lago”, me recuerdan aquellas frases del acervo cultural hispánico que tienen como epicentro la palabra soledad.” La soledad del portero ante el penalti”, título de una película de cine español; “La soledad del manager” título de una famosa novela del gran Manolo Vázquez Montalbán y su entrañable por huraño personaje, el detective Carvalho.


La soledad de Rajoy es la soledad ibérica. Sólo hay que mirar el mapamundi y preguntarse, en serio, sin miedo a la respuesta, por qué los delirios de Pangea y su caprichosa danza de placas tectónicas nos colocaron en el medio de todo, cerca de todo, pero claramente separados de todo. De Europa por una espina dorsal incontestable, de África por una lengua de agua insuficiente y de América un poco más lejos, pero con la mirada claramente enfocada hacia sus costas, tanto que fuimos hacia allá a los 5 minutos de ser país, y llegamos.


Dicen que los caminos de Dios son infinitos, y a lo mejor, abandonados por todos a nuestra suerte, resulta que no nos hallamos ante una encrucijada; aguantar el tirón apelando al espíritu de Numancia, o ser rescatados para vergüenza interna y externa y expoliación en grado sumo, sino que estamos ante una rotonda del destino donde, además de esas dos, hay una tercera salida que nos lleva fuera del Euro a buscar y encontrar un destino diferencial, tan diferencial y específico como nuestra posición geográfica.

Pero esta tercera salida no se me ha ocurrido a mi solito, tan solo albergaba retazos de la idea, que me ha venido a confirmar y a ampliar Mathew Linn, consejero delegado de la consultora Strategy Economics, en un artículo aparecido en Wall Street cuyo resumen recoge ABC en el link:


que es de indispensable lectura para escapar del pensamiento único económico que nos asfixia. En él se elabora y argumenta muy bien la tesis de la necesidad del destino diferencial de Iberia como algo natural, lógico y de indudables ventajas, cosa rara viniendo de un norteamericano. Parece ser que no todos los analistas políticos y expertos económicos norteamericanos están a sueldo de la Anglosfera, de lo que me alegro infinito.


sábado, 2 de junio de 2012

El negocio de la desconfianza

El “crimen financiero organizado” desde su guarida de la “city” londinense, vive el mejor de los mundos posible con respecto a España. ¿Para qué van a tener confianza en la economía española si con ello pierden tasa de interés y, por tanto, beneficios?. ¿Por qué van a confiar si con ello pierden dinero?. El mejor de los mundos posible, repito.
Sobre el papel, la confianza de los mercados significa que te presto o no te presto dinero si confío o no confío que me lo vas a devolver, porque si no me lo vas a devolver entonces no te lo presto. Pero el mundo financiero real, en su gran hipocresía, razona de otra manera: como hay un riesgo de que no me devuelvas el dinero que te voy a prestar, te cobro más intereses como premio a mi riesgo, pero te sigo prestando el dinero, que en el fondo se que, de una manera u otra me vas a devolver, pero así, haciendo leña de tu debilidad, finalmente gano más dinero a costa de tus deficiencias. Son como los buitres, atacan al enfermo, al débil, al moribundo, con saña redoblada pensando en repartirse sus entrañas.
Vistos desde fuera, los esfuerzos del gobierno español por ganar la confianza de los mercados son patéticos, porque el verdadero negocio de éstos es mantener al ultranza la desconfianza, tenga ésta o no base real. Nuestro políticos se arrastran ante la gran banca presentando como logros los hachazos presupuestarios a su propio cuerpo social,  la autolesión de su ciudadanía, y cualquier comentario gracioso en los periódicos financieros, sicarios de este “crimen organizado”, cualquier declaración destemplada de los burócratas lacayos de la gran banca convierte en papel mojado el sufrimiento de miles de ciudadanos anónimos y en absoluto culpables de nada.
Deberíamos plantar cara. España no gusta en Europa, nunca ha gustado y nunca gustará, por muchas declaraciones institucionales de unidad que se hagan. Somos, los unos para los otros,  razas distintas, genéticas distintas, y en las memorias históricas europeas, aunque cueste creerlo, todavía persisten los miedos atávicos a los tercios, al poder del imperio. De ahí este denodado esfuerzo de ingleses y alemanes, a veces juntos, a veces por separado, por aplastarnos una cabeza que empezaba a levantarse de nuevo en busca de un destino propio, pero esta vez sin armas, ya que no son necesarias cuando se maneja y controla el gran capital financiero, simplemente, hundiendo el tejido empresarial español con la negación del crédito, absorbiendo el excedente productivo de los próximos 25 años vía intereses de la deuda, y abriendo la brecha tecnológica y productiva de manera que quedemos para siempre en los furgones de cola del primer mundo. Todo ello con la inestimable colaboración de nuestra gran banca, que es banca antes que española, y de La Casta corrupta, egoísta e indeseable a la que votamos una y otra vez como ovejas estúpidas (y que me perdonen las ovejas).

jueves, 31 de mayo de 2012

Rescate moral

Lo dijo muy claro y muy bien anoche Wyoming en su programa El Intermedio en La Sexta. Lo que de verdad necesita este país es un “Rescate Moral”. En palabras aproximadas de Wyoming, “un rescate financiero solo necesita dinero, un rescate moral es mucho más difícil,  complicado y necesario”.

Son demasiadas malas noticias y demasiado frecuentes las que cada día demuestran que “La Casta” nos roba a manos llenas, o permite que nos roben, nos maltrata, nos ningunea e insulta constantemente a nuestra inteligencia, la del pueblo, me refiero, la de los seres humanos de este país. 
·         Que Urdangarín nos quiera “colar” que recibió 300.000€ por dar una “asesoría verbal deportiva” a alguien que, además de negarlo de inmediato, sabe más que él de deporte es una bofetada a nuestra inteligencia, siendo además él quien es.
·         Que las más altas cúpulas del poder judicial, con el mismísimo presidente del CGPJ y del Tribunal Supremo, Carlos Dívar a la cabeza, se autoconcendan un reglamento que les permita gastar dinero público a espuertas en putiferios costeros sin tener que dar la menor explicación, mientras los trabajadores tenemos que estar guardando todo tipo de papeles, recibos y justificantes cuando queremos ejecutar una desgravación fiscal, legal y mínima, es una puñalada a los más elementales principios de justicia e igualdad.

·         Que el director financiero de Bancaja, Aurelio Izquierdo, después de que deja la caja en la más absoluta ruina, exija cobrar 14.000.000 de euros por retirarse, sin el más mínimo pudor y sin que se le caiga la cara de vergüenza, es una ofensa grave a aquellos que cobrando un sueldo menor de 1000 €/mes pueden ser despedidos sin mayores justificaciones.
·         Que un enfermo tenga que pagarse el taxi diario para acudir al tratamiento de diálisis en el hospital, mientras que un simple concejal de una pequeña ciudad como Castellón tenga un coche oficial en la puerta por si tiene que ir a algún sitio es otro insulto a aquellos que intentan conducir su vida con honradez personal y con compromiso e integridad con su comunidad y su país.
·         Que los responsables de cooperación de la Comunidad Valenciana entreguen varios millones de euros de dinero público para la ayuda al desarrollo a ONGs “amigas” y éstas se gasten ese dinero en comprar pisos de lujo y yates en Valencia y Miami y no se les pida la menor explicación, es un acto de fuerte agravio a la enorme cantidad de gente pobre y necesitada de este mundo.
·         Etc. etc, etc, etc, etc, etc,………………….demasiados etcéteras, demasiado gordos y demasiado rápidos para un país como España, pobre y pequeño.
Un rescate financiero, por necesario que pudiera ser a corto plazo, es entregar un pez a un hambriento; un rescate moral, indispensable a corto, medio y largo plazo, es enseñarle a ese hambriento a pescar.
Pero ¿de quién tenemos que esperar un rescate moral, si es que tenemos, a estas alturas de la película, que esperar algo de alguien? ¿de esta Europa? que solo está preocupada, no nos engañemos, porque se le devuelva el dinero que nos ha prestado. ¿de la Casa Real? que debiera ser un ejemplo de nobleza e integridad para todos, y es todo lo contrario. ¿de la clase política, que nos rige, y que es precisamente una de las causas de nuestra postrada situación y un antiejemplo de basura, vergüenza y corrupción?.
No, de ellos no, ni de nadie. Como no nos espabilemos y nos organicemos, y perseveremos en regenerar este país, nosotros, la clase que llaman de los “pringaos”, que es quien pagamos la fiesta de “La Casta”, vamos a acabar siendo “cornudos y apaleados”. ¡¡¡Sal de tu marasmo personal, respira, ponte serio e incorpórate a la acción de rescate moral de tu país!!!.